Arte en Grecia II

Estos van a ser los máximos representantes del siglo de Pericles. Ya en el s IV Escopas y Praxiteles se decantarán por un arte más realista y menos idealizado, buscando reflejar el sentimiento en lugar de la divina serenidad de los precedentes, y sirviendo de puente con el arte helenístico. A Escopas se le atribuye la Afrodita de Cnido y la enorme Victoria de Samotracia, que se puede ver en el museo del Louvre y que refleja el movimiento del viento en las ropas. Praxíteles es conocido por sus Dionisos, apolos, afroditas, y por la “curva praxitélica”, inclinación de la cadera que aporta sensualidad, movimiento y cierta feminidad a las estatuas.
Finalmente se puede mentar a Lisipo, quien vivió en el s. IV y fue el retratista oficial de Alejandro Magno, siendo el representante tardío del clasicismo. Su obra fue en su mayoría en bronce, habiéndose perdido prácticamente toda; solo quedan copias romanas. Su obra más representativa es el Apoxiomenos, atleta que se quita la arena pegada a su cuerpo con una espátula o bien strigil. En esta renueva el canon que Policleto había fijado en 1:7(el cuerpo son siete cabezas) aumentándolo en 7 cabezas y media, con lo que consigue mayor estilización. Se ubica en consecuencia en la transición entre la tradición tradicional y la helenística, más orientada a la expresión de las emociones y al realismo.
Hasta el Renacimiento no va a haber un periodo de mayor esplendor del Arte en la civilización occidental; exactamente el Renacimiento va a ser el ahínco por salvar los cánones establecidos por Fidias, Policleto tras el paréntesis y declive que supuso la Edad Media. Escultores como Miguel Ángel van a recoger el testigo de los tradicionales helenos y lo impulsarán siguiendo, como aquellos, la unión de un sentimiento estético con un estilo de vida, de una filosofía que perseguía reflejar en la vida la Belleza de lo Eterno y también Inmortal.